Jugando entre jugones: Le Bastard & CIA

¡Hola parejitas jugonas!

Ains, que bien sienta el verano, la libertad, se acaban los exámenes, las clases (para algunos afortunados las vacaciones del curro) y llega la hora de resarcir todas esas horas que no se pudieron destinar a un objetivo lúdico, debido a otros quehaceres de menos categoría.

Y qué mejor que hacerlo en compañía (que de vez en cuando se agradece), y aún mejor hacerlo en compañía de Carlos (Le Bastard) y sus coleguis, que el otro día nos acogió en su casa (con la gatita Billie Jean -who’s not his daughter) para echar unas pachangas con la fresca (a eso de las 5 que se te hacen las 6 por motivos mecánicos de desplazamiento).

Pues a eso que nos ponemos, llegamos un poco tarde pero ya está todo listo. El primer plato un juego al que después de explicarle Le Bastard el tema, comenzó a babearme el labio inferior.

Police Precint nos mete en un juego cooperativo donde somos una comisaría de policía que vive en la ciudad con más criminales por metro cuadrado (y los mejores donuts) del condado. Con nuestros coches patrulla y mucha astucia deberemos solucionar el crimen (ir buscando cartas de pista, arma del crimen y testigos) así como atrapar al maleante maloso. Pero como eso sería demasiado fácil, mientras tu te pones a rebuscar entre manchas de sangre y huellas, otros psicópatas no paran de altercar por la ciudad. Desde un robo menor, hasta un atraco al banco.

La mecánica es sencilla. Cada uno tenemos una cartita de personaje con habilidades especiales (que no te encasillan demasiado en tu objetivo del juego, pero que sí te dan una pista de para lo que vales), un coche para ir moviéndonos, cartas de ayuda y dados. Un buen montón de dados, y cuantos más, mejor. Nos vamos moviendo, tiramos dados para intentar superar la dificultad, valiéndonos de las cartas de los compañeros que generosamente sacrifican habilidades chulas por tí, compramos donuts para algunos bonus (donuts o rosquillas de Homer Simpson) y nos organizamos bien para controlar esta caótica ciudad.

Entre los puntos más divertidos, las bandas (en cuanto se juntan 4 maleantes, van y forman una banda que te jode el juego), los eventos aleatorios ocurriendo por toda la ciudad y el tema. De entre lo peor, el grafismo del mapa y de algunas cosillas, pero nada que mate el juego. Tiene azar, sí, pero no es determinante, aunque sí le da un punto de emoción al juego.

Soy demasiado viejo para esta mierda…

Y en esto que sacan otro jueguecillo mientras esperamos a una nueva integrante del grupo lúdico. Y para esperar, qué mejor que la remasterización del clásico BANG! (poner dedito en forma de pistola es obligatorio cuando se pide este juego en una tienda), Samurai Sword (o como la originalidad se te acaba en el título).

Bang Game System…😄

En el juego somos, obviamente, samuráis que intentamos defender nuestro objetivo. Unos son buenos, ninjas chunguis y el solitario (ese que siempre lleva un sombrero de tomo ancho y chanclas de madera en las series). Nos vamos metiendo toñas con las espadas de marras, protegiéndonos y haciendonos los muertos hasta que alguien pierda el honor (¡VERGUENZA! ¡HARAKIRI ALKANTO!) y veamos que grupo ha conseguido más puntos.

Si es que los samurais dan para mucho

Como reimplementación del Bang! decir que la verdad subsana todos aquellos errores que hacen en ocasiones insufribles a un juego que en parte es bastante divertido. Se puede seguir matando y atacando (es más, es necesario), pero puedes seguir jugando y defendiéndote. Otro aporte fantástico es la mecánica del “cascarón de huevo”. Con ella, si no tenemos vida (que sólo la recargamos en nuestro turno si hemos muerto) o no tenemos cartas, no pueden atacarnos. El regalar cartas con algunas cartitas del juego ahora toma otro sentido en éste. Las cartas, muy similares (calcos de carboncillo) al Bang!. Pero si no tienes el Bang!, compra este, que seguro te deja más lleno el bolsillo y más agusto a tus amigos (que no se tienen que quedar media hora mirando como los otros juegan sin haber podido defenderse porque lo han matado sin llegar siquiera a jugar su turno).

Y luego con la nueva chica, nos toca sacar los fillers (porque con 6 jugadores, comienza a ser complicada la elección de juegos). Nosotros, que para seis apenas tenemos nada serio… pero para 4 tampoco) sacamos de nuestra bolsa tres fillercillos que… bueno… se ve que no fueron del agrado de todo el mundo, por desgracia. Nosotros lo hacemos con nuestra mejor intención, prometidito. Los tres agraciados fueron:

Chin Chin : gran juego de cartas de velocidad visual (al estilo del nuevo Fantasma Blitz) donde tenemos que representar uno de los seis brindis así como mover el vaso para brindar de la manera correcta, dependiendo de quien aparezca en la carta. Un derrite cerebros que a nosotros nos encanta, pero que se mostró dificil y tortuosos para nuestros compañeros de mesa.

Crazy Kick: otro fantástico juego que tampoco hizo mucha gracia (quizá no sea tan fantástico y sólo nos guste a nosotros). En el juego, nos dividimos por equipos para ir rellenando una fila de números en el centro de la mesa con las cartas, intentando alcanzar la carta que pone ¡TOR! (Gol en alemán). Es un juego muy trepidante, lleno de gritos (muchos gritos) y cansancio debido al estrés que genera. Pero no estaban para estrés esta gente. Otro que les supo a poco. Madre mía que tarde de fallos.

Saboteur 2: a regañadientes de nuestro anfitrion (pero como es muy majo aceptó) sacamos el juego con su expansión. Lo reseñamos hace un tiempo por aquí. Aquí las impresiones fueron más dispares. Todos habían jugado al básico, y la expansión a algunos les resultó una mejora, y a otros que se perdía control el los roles. Bien ciertas son las dos opiniones. A nosotros nos gusta mucho, y ya sin la expansión nos resulta demasiado soso.

A este hombre no le gustó ser Saboteur. Normal, es una partida donde todos son buenos enanos trabajadores.

Y con un sabor de boca a posos de café, se le ocurrió al gran Le Bastard levantar y rematar la noche con un 7 Wonders que cayó bien en boca de todos. Así endulzamos un final perfecto para todos. Juego archiconocido del que ya hemos hablado en más ocasiones. Sólo decir que aunque no lo hemos comprado ni creemos que lo compremos (a menos que caiga una ofertaza) nunca nos cae mal una partida, siempre que sea de vez en cuando.

Cerramos el chiringuito, saludos y dos hamburguesas en el Krasty Burguer de Jaén (sí, hay un Krasty Burguer y las hamburguesas están buenísimas) nos despedimos de Le Bastard con una sonrisa y la promesa de volver (en breve si SOID quiere).

Y para beber… albóndigas.

¡Hasta la próxima entrada!

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