Expediente 001 – Harry y Linda Jones

Menudo primer día, no me esperaba que lo de la agencia fuera a ser tan duro. Un par de esposas celosas y poco más…que ingenua. Bueno, me toca escribir el informe, vamos a ver por donde empiezo…

Son las 8 a.m. Acabamos de llegar a nuestro despacho cuando recibimos una llamada de central. Se ha producido un doble asesinato en el hotel Emperor. Partimos hacia la calle Central Park West rápidamente.

En la suite nupcial nos encontramos los cadáveres de un chico y una chica. Ambos son blancos, muy jóvenes y con disparos de bala. El informe policial que nos pasan en ese momento contiene toda la información inicial que en la central han podido reunir.

Ficha Policial 001

Harry es moreno, delgado y muy joven, 22 años. Se encuentra situado en frente de la chica, Linda, en lo que parece un intento de haberla protegido del asaltante. Ha recibido dos disparos: uno en el brazo, parece que producido intentando cubrir a Linda, y otro en la cabeza, una muerte rápida.

Su esposa, Linda, es igual de joven, rubia y delgada. Ella ha recibido un disparo en la pierna, que le ha seccionado la femoral. Una muerte mucho más lenta y dolorosa que la de Harry.

La suite nupcial se encuentra decorada acorde a lo que se puede esperar de un hotel como el Emperor, mucho lujo rodea a los dos cadáveres. En una de las paredes hay dos orificios de bala. La ventana de la habitación, en un séptimo piso, se encuentra abierta. Las maletas de Harry y Linda se encuentran aun abiertas y sin deshacer sobre el sofá de la habitación, habían llegado el día anterior a Nueva York para pasar su luna de miel.

Dejamos a los chicos de científica en la habitación recopilando pruebas. Nos disponemos a irnos cuando en el hall nos encontramos a una pareja mayor que están preguntando por Harry y Linda. Nos acercamos a ellos para contarles la situación, al informarles del horrible caso se echan a llorar. Son los padres de Harry, que se encontraban con ellos en la ciudad, al querer visitar la gran manzana ellos también.

El padre de Harry, Jack, es un antiguo comisario de policía de Tejas, ya retirado. El padre, al contarle como había ocurrido la muerte de su hijo nos pregunta si hemos encontrado algo extraño en la habitación. Aunque solo es una corazonada, le recuerda a un caso muy similar que tuvo cuando aún se encontraba en la policía de Tejas.  Si este caso concuerda con su corazonada, clama venganza contra el asesino de su hijo. Jack se niega a contarnos nada sobre el caso de Tejas hasta que no vea claramente relación con el crimen de su hijo.

Subimos corriendo a la habitación de nuevo antes de que se lleven los cadáveres a la central. Miramos en la Biblia, tal y como nos ha indicado el padre, y nos encontramos que ha sido marcada y una pasaje de la biblia ha sido subrayado. “El cielo pertenecerá a los justos”.

Nos encontramos en el coche camino a la central cuando nos informan por la radio de que se ha producido un nuevo asesinato en un hotel cercano. Llegamos a los 5 minutos y subimos a la habitación. Nos encontramos con el cadáver de una chica rubia, muy guapa, algo mayor que Linda. Tiene un disparo que le ha seccionado la femoral. Impacientes, buscamos la Biblia y nos encontramos que también se encuentra marcada y un pasaje ha sido subrayado: “Solo los justos conocerán la salvación”.

Samantha, como se llama la chica, se encontraba en la ciudad en viaje de negocios, y nadie sabe nada desde que esta mañana, bien temprano la vieron volver a la su habitación tras desayunar en un bar cercano.

Una vez investigamos a fondo la habitación, podemos concluir que la escena del crimen es muy similar a la del hotel Emperor, salvo que en este caso no hay presencia de ningún chico.

Recibimos una nueva llamada de la central. Debemos llegarnos al hospital San Paul, donde una de las monjas carmelitas que lo atienden ha tenido que ser hospitalizada. Un asaltante no identificado le ha disparado en la pierna. Por suerte, y gracias a que se encontraba en un hospital, ha podido salvarse.

Ya en el hospital, visitamos a la hermana Mary. Aunque aún se encuentra conmocionada y dolorida, nos puede atender. Nos cuenta que acababa de salir de su guardia nocturna, la cual acaba a las 9 de la mañana, y que, omo siempre, la guardia la había dejado bastante somnolienta y cansada, y que se disponía a coger su bolso y el abrigo para volverse al convento cuando, un hombre alto, grande y moreno le disparo. Pero que no sería capaz de reconocerlo.

Observamos que, de debajo del velo, un mechón rubio le cae sobre la frente.

 

Sobre la mesita de la habitación, como habría esperar en un hospital católico, se encuentra una biblia. Encontramos una vez más, que una frase ha sido subrayada “Dios abrirá las puertas del cielo a los buenos y a los justos”.

– Hermana Mary, ¿está biblia es suya?

– No, es la biblia de esta habitación, imagino. La mía se encuentra en el bolso.

– ¿Y sabe por qué o quién la ha podido subrayar?

– ¡¡¡¡LA PALABRA DE DIOS SUBRAYADA!!!! ¡¡¡ COMO UN MISERO LIBRO DE TEXTO!!!

Tomamos eso como un no, nos despedimos de la hermana Mary y nos vamos.

En el pasillo nos cruzamos con un medico afroamericano de pelo corto. Pasa al lado nuestra como si no nos hubiera visto. Nos fijamos que lleva una cruz colgada al cuello, nada raro tratándose de un hospital católico, y que parece que tiene una mancha oscura en el pantalón. Al llamar su atención para preguntarle por la mancha, sale corriendo, sin darnos tiempo a seguirlo.

Volvemos a la central, donde en el departamento de balística nos informan que las balas empleadas son de plata, una curiosa elección para llevar a cabo su plan. Realizamos una búsqueda de las armerías que venden este tipo de munición. No encontramos ninguna, sin embargo, parece ser que una tienda esotérica las vende en su local situado en el centro de Nueva York. Algo así solo podría ocurrir en una ciudad como esta.

Nos llegamos a la tienda esotérica El refugio de Yahvé, donde la dependienta, Susan, una chica de veintipocos, con el pelo corto y rubio vestida con una falda muy larga y colorida nos muestra las balas situadas en un expositor cerca de la caja registradora. Se alegra que le preguntemos, ya que son su producto más vendido.

– ¿Vendió alguna, últimamente? – Preguntamos a Susan.

– Si, la verdad es que si. Se venden mucho, sobre todo ahora que se acerca la luna llena. ¡Hay gente muy loca por esta ciudad!

– ¿Nos podría dar una lista de las personas a las que se las ha vendido?

– Lo siento, no guardo un registro de todas mis ventas. Me sería imposible.

– ¿Tiene usted video–vigilancia en la tienda?

– La verdad es que si. Me acaban de instalar una pequeña cámara. Con las balas de plata y algún que otro objeto que hay por ahí de oro, ya he sufrido un par de intentos de robo.

– Podría dejarnos las cintas.

– Claro que sí. Siempre me gusta ayudar a la policía en todo lo que esté en mi mano.

Con las cintas ya en nuestro poder volvemos a la central.

Mark, el chico de balística, nos indica un detalle muy curioso de las balas, en el cual aún no nos habíamos fijado: las balas tienen una cruz grabada en el lateral. Las balas de la tienda no tenían ninguna cruz grabada, por lo que deducimos que las ha grabado el propio asesino.

Nos disponemos a analizar las cintas de video. Cada cinta dura 3 horas, por lo que solo le habíamos pedido a Susan las de los últimos días. Las pasamos a gran velocidad buscando alguna cara conocida. En su mayoría, a la tienda acuden chicas jóvenes. De repente alguien llama nuestra atención, un hombre grande, afroamericano, de pelo corto y vestido con una americana. No encaja dentro de los clientes de esta tienda. Vemos que pide 6 balas de plata, la dependienta se las entrega y el hombre se va.

Oímos mucho alboroto en central. Algo está ocurriendo en la puerta. Salimos corriendo hacia allí y nos encontramos a una chica joven, rubia, con uniforme de animadora intentando reptar por las escaleras ensangrentada.

Reaccionamos con rapidez y corrimos a taponarle la herida mientras esperamos la llegada de  la ambulancia. Mientras estamos taponando la herida nos cuenta que se encontraba en el hospital San Paul recuperándose de una luxación de muñeca cuando sintió un mareo. Cuando se ha despertado se ha encontrado a las puertas de comisaria y alguien le había disparado en la pierna. Pero había fallado, no era una herida muy grave. No recuerda nada salvo que poco antes de desmayarse un medico entro para ponerle la medicación en el goteo. Le llamo la atención que fuera un medico y no una enfermera, como siempre, además no recordaba haber visto a ese medico por el hospital.

Mandamos a un oficial a la tienda esotérica, ya que, el hombre que creemos sospechoso ya ha empleado las 6 balas que compró en El refugio de Yahvé y debería volver a por más. Seguimos analizando pruebas, cuando a las 2 horas, el guardia que hemos mandado enfrente de la tienda esotérica nos avisa que un hombre que encaja en nuestra descripción ha vuelto a la tienda. Le indicamos que no llame la atención de nuestro sospechoso pero que no lo pierda de vista mientras nosotros llegamos.

Nos subimos rápidamente en el coche para ir al encuentro del guardia. El guardia pierde a nuestro sospechoso en el metro, por lo que volvemos a la tienda de nuevo a hablar con la dependienta. Al entrar no la vemos, pero de repente escuchamos un grito desde la trastienda. Entramos en la trastienda y nos la encontramos maniatada. Entre sollozos nos dice que un hombre ha entrado y la amenazado con una pistola para que le diera más balas. Al negarse, después de haberse asustado por nuestra visita anterior, le había pegado y maniatado en la parte posterior de la tienda. Al volver a la tienda, tras desatar a Susan, nos damos cuenta que todas las balas del mostrador han desaparecido.

Nos acercamos al coche cuando, de repente, vemos al padre de Harry acercándose a nosotros. Nos mira a los ojos y no podemos esconder el hecho de que sabemos que le ha pasado a su hijo.

– ¿Coincidía, verdad? – Nos pregunta Jack.

De repente suena la radio del coche, nos indican que un maniaco con una pistola ha entrado en una iglesia del centro. Por suerte, no nos encontramos en horario de misa, por lo que en la iglesia solo se encontraban algunas feligresas recogiendo y el párroco. El párroco ha conseguido esconderse con las feligresas en la oficina desde donde han llamado a la policía.

– Llevadme, tengo que ajustar cuentas – Nos dice el padre de Harry.

No somos capaces de negarnos por la rotundez con la que se dirige a nosotros. Durante el trayecto hacia la iglesia, Jack al fin se decide a contarnos todo lo que sabe del caso.

Michael Thompson, un chico un par de años mayor que Harry, vivía con sus padres cerca de la casa de Jack y su familia. Michael era un buen chico, buen estudiante, monaguillo en la parroquia del barrio,… No sabemos porque, pero un día empezó a comportarse de forma extraña con una actitud muy taciturna. A partir de ese momento empezamos a encontrar animales acribillados a balazos en las afueras del pueblo, pero no encontramos nada que pudiera relacionarlo con Michael. Un año después, cuando Michael tenía 15, la mujer del párroco lo vio salir de la sacristía ensangrentado y llevando una pistola. En la sacristía, el párroco se encontraba desangrándose de un disparo en la pierna y lloriqueando y gimiendo

– ¡Yo no quería hacerlo! ¡Me encuentro obligado! ¡No puedo hacer nada contra ello! – gritaba el párroco.

A partir de ese día no se volvió a saber nada de los Thompson en el pueblo.

Cuando llegamos a la iglesia nos percatamos que el padre de Harry parece que lleva una pistola, esperemos que no le dé por usarla.

Oímos gritos desde la oficina y corremos hacia allí, dentro encontramos al párroco, Edward Culton, una señora rubia, la viuda Elisabeth y una señora mayor de color, la Sra. Margaret. Nos cuentan que hace rato que no oyen a nadie fuera de las oficinas, nosotros, tras una inspección  rápida, tampoco vemos a nadie, por lo que deducimos que el maniaco se ha ido.

Jack reconoce a Margaret, la cual cae llorando a nuestros pies.

– Lo siento. Lo siento muchísimo – solloza Margaret – yo pensé que podría controlarlo. El nunca quiso hacerle daño a nadie, es un buen chico. Mi Mickey es un buen chico… Mickey estaba trabajando en la iglesia hace un par de días cuando entro a la oficina sin llamar y nos encontró al señor Culton y a mí en un acto pecaminoso. Salió gritando y no he vuelto a verlo. Cuando he escuchado esta mañana en las noticias lo que ha ocurrido en seguido he sabido que era él. Pero él no quería hacerle daño a nadie, es un buen chico. Muy buen chico. Buen chico….

– Por tu culpa, si lo hubieras controlado mi hijo seguiría vivo – grita Jack dirigiéndose a Margaret –. Pero no…

Conseguimos tranquilizar a Jack.

Margaret nos cuenta que Harry y su hijo eran como uña y carne cuando eran pequeño, que estaban juntos aquel fatídico día en el que todo cambio. Y se echa a llorar de nuevo, murmurando algo que no podemos entender. En ese momento vemos un papel en el suelo arrancado del tablón de anuncios. Fiesta del colegio religioso Santa Martha, a las 12:00. Trae contigo tu bendición.

Nos cuentan que el colegio de Santa Martha está muy cerca, así que vamos hacia allí corriendo con Jack corriendo detrás de nosotros.

Al llegar nos encontramos a nuestro supuesto doctor, Michael, subido en un balcón encañonando a un párroco ya mayor. Este párroco es el encargado de los adolescentes de la fiesta.

– ¿Por qué tuviste que venir? – Oímos a Michael gritarle al párroco – Puse tierra de por medio y aún así me encontraste.

Michael nos ve llegar, al ver a Jack, sus ojos se abren como platos, acaba de reconocer al padre de su amigo Harry. De repente se asusta y empuja al párroco. El cual se queda colgando del balcón, pero no podemos perder el tiempo en socorrerlo. Estamos más preocupados por Michael y su pistola.

Al ver a Jack, Michael se echa a llorar.

– Harry y yo éramos muy buenos amigos, MUY buenos amigos – nos cuenta Michael entre sollozos –. Teníamos nuestro sitio especial donde nos reuníamos, hasta que esa rubia tonta apareció y se puso por medio. Ella fue la culpable de nuestro distanciamiento. El día que Harry tuvo el valor de venir a contarme que la relación con esa rubia tonta iba en serio, después de haber estado tonteando todo un año, todo el párroco nos escucho y amenazo con contárselo a nuestros padres. No podía permitir que le hiciera eso a Harry, así que tuve que protegerle. Cuando Harry se marcho, cogí la pistola que mi padre guardaba en el cajón y me fui a ver al párroco. Tras el incidente con el párroco mis padres decidieron que lo mejor era irnos del pueblo, y a mí que mas me daba, la única persona que me importaba acababa de traicionarme. Pero no fui capaz de cortar mi relación con Harry del todo, así que me mantuve informado de todo lo que ocurrió en su vida. Cuando me entere que él y esa fulana rubia venían a la ciudad decidí que debía hacerles una visita y recuperar a mi amado Harry. Pero ese maldito Harry, una vez más esa maldita rubia consiguió ponerle en contra mía, y él se puso en medio para protegerla, no me quedo otra, tampoco podía permitir que mi secreto saliera a la luz. Si tan solo Harry hubiera seguido conmigo, hubiéramos sido felices juntos.

En el momento que Michael termina de contarnos toda su historia, oímos un vaso que se rompe detrás de nosotros. Harry acaba de sufrir un desmayo al enterarse de la relación real entre Michael y su hijo.

Un oficial se lleva esposado a Michael.

Rescatamos al pobre párroco que aun se encontraba colgado del balcón.

Volvemos a la oficina y entre café y donut intentamos redactar el informe que debemos presentar a la central.

Desde que Harry rompe con Michael para comenzar a salir con Linda, el pobre Michael intenta descargar su rabia como puede. Primero con pequeños animales salvajes de las inmediaciones del pueblo, pero es incapaz y la declaración de Harry de que iba a comenzar una relación seria con Linda fue ya el detonante. El odio de Michael hacia toda chica rubia de veintipocos se hizo ingobernable.

EPÍLOGO

En un bar cercano a la agencia

Menuda locura de día. Lo que parecía un loco suelto resultó ser… bueno, un loco al fin y al cabo. Qué prisas que tuvimos que darnos con la ambulacia para Jack. No creo que el hombre se lo esperara. Su hijo, su ojito derecho… estos de Tejas están demasiado chapados a la antigua.

-Increible lo que puede hacer un hombre por amor y celos. ¿Oye por cierto, ha dicho algo de lo de las biblias? Un poco curioso lo de ir señalándolas.

-Su madre nos ha estado ayudando y le hicimos esa pregunta. Dice que su hijo sufre un trauma patológico que le obliga a recalcar “ciertos” pasajes de la biblia. Dice que desde que lo apalearon en el colegio por escribir en su biblia, no puede evitarlo.

– Vamos, que está un poco más allá que acá, ¿no?

– Más o menos.

– ¿Y por qué compraba las balas en una tienda esotérica?

– Parece ser que así evitaba los controles de las armerías. Quien podría pensar que usaría una bala de plata decorativa. Lo de ponerles una cruz fue un toque inesperado. Se ve que es ingenioso el chaval. Lo que no fue tan inteligente es comprar sólo seis.

-Bueno, acábate la cerveza que mañana tendremos otros casos. Hay que estar preparados.

(Transcripción de una partida al juego F&F Agencia de Detectives. Si os gusta, hacédnoslo notar para seguir la sección o no seguir más si os aburre.)

¡Hasta la semana que viene!

4 thoughts on “Expediente 001 – Harry y Linda Jones

  1. Buena entrada!
    A nosotros nos gusta mucho la idea, de hecho, tenemos previsto hacer algo parecido cuando tengamos más tiempo… Así que un voto positivo!😉

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    1. Siempre intentamos añadir cosas, sólo que no siempre tenemos la oportunidad. Con este caso, es que nos pareció divertido compartir las historias, ya que nos estaban gustando bastante.

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