Jugando en la biblioteca (XXXII)

¡Hola parejitas jugonas!

Os comentamos una semana más como va la cosa por aquí, con muchos lios, cambios y cansancio.

Fotos-carteles-biblioteca

JUEGOS NUEVOS

SCOTLAND YARD (VERSIÓN DE VIAJE)

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Biblioteca Peral: Probamos el juego con una pareja de niñas de 6 y 7 años. Yo hacía de Jack. Me gustó muchísimo como cooperaban para pillarme, y como cooperaban para usar el tercer detective en conjunto. Se aseguraban de no desperdiciar muchos tickets, pero se equivocaban mucho al seguir las rutas.

Biblioteca los Dolores: Otros dos niños, pero esta vez un poco más grandes, de 8 y 9. Y el de ocho años llevaba un efecto líder impresionante, teniendo que coartarle mucho. Pero en cambio, para el detective que sobraba, sí que cooperaban mucho, cosa curiosa. Lo hicieron mejor y hasta lograron atraparme varias veces. Eso sí, cuando les decías de cambiar los roles, preferían coger otro juego.

Biblioteca Ramón Alonso Luzzy: Con cuatro niños de 6. Un servidor sólo supervisaba. Los tres compañeros lo disfrutaban mucho y el ladrón (el cuales querían ser todos) se divertía huyendo de sus compañeros. Pero lo mismo, el ridículo mapa no hace sencillo que lo vean bien y se muevan correctamente.

Biblioteca La Palma: Dos hermanos de 8 y 13 años. Ambos jugaron ambos roles. Con dos también va muy bien el juego. En este caso el hermano mayor seguía perfectamente el tipo de juego y ganó en ambas ocasiones a su hermano, en una pillándolo enseguida, y en la otra no dejándose atrapar. La diferencia de edad se nota mucho en el juego.

NUESTRA OPINIÓN:

Primero, muchísimas gracias a Isra y Shei (los de Cariño he Encogido a los Dados) por regalarnos esta copia para jugar en la biblioteca.

En esta cajita nos encontramos una versión totalmente descuartizada de Scotland Yard, manteniendo básicamente el mapa, y cambiado todo lo demás. Es una versión demasiado aguada para los adultos, ya que todo el mundo está presente todo el tiempo (excepto si Jack usa unos tickets negros que te obligan a buscar papel y lápiz). Los detectives son los que lo pasan de verdad bien durante la partida, ya que son los que tienen que pensar. Jack piensa un ratico y poco, más bien espera a verlas venir y se asegura de que no vengan en ese mismo turno.

Pero con todo esto, hay que decir que lo único que de verdad lamento es el formato del juego. Y me explico. Si este juego lo vendiera Haba, aumentaran el mapa para que se vieran muy bien las líneas de tren, bus y taxi, sería un magnífico juego infantil. Habría que reducir un poco el mapa, pero poco más. Es un juego de polis y cacos donde un jugador juega a correr (sin dado!, es de pensar!) y los otros tienen que cooperar puramente para atraparlo, gastando sus fichas. El juego es suficientemente sencillo para que lo jueguen (supervisados) hasta niños de 6 años, pero suficientemente feo para que no lo vean apetecible. Y con adultos… pues no funciona.

 

COMENTARIO FINALES

Qué variable que es esta biblioteca. En el Barrio Peral hay días que estamos casi sólos, y otros en los que hacemos lleno. Todo depende tantísimo de que las participantes no tengan deberes, no quieran hacerlos, no tengan exámenes o no se peleen esta semana. El gran bloque pertenecen todas a la misma pandilla. Los pocos que no pertenecen al grupo tampoco tienen una fiabilidad absoluta.

Pero de lo que quería hablar en esta biblioteca es de una niña en particular, que sinceramente cada día intento tratar de una manera para solventar. Es una niña problemática en un sentido muy específico. Utiliza sistemas alternativos para que todo el mundo haga lo que ella quiere con tal de que no te apetezca tanto arrancarle la cabeza. Por ejemplo, utiliza el “no me entero de las reglas” de una manera consistente, desoyendo las repeticiones y obcecándose de su desconocimiento para que al fin, cambiemos de juego, que es su idea. Ok… lo entiendo, pero pone de un nervioso. Sobre todo al principio porque crees que de verdad no se entera, y empiezas a pensar si lo estás explicando tan mal. Os pongo el ejemplo:

– Esto es Halli Galli. Cada jugador cuenta con una baraja de cartas. Cada turno, de manera rápida, vamos bajando una carta a la mesa (muestro como se hace) y vamos colocándola sobre cartas anteriores. Cuando haya cinco frutas, ni más ni menos, iguales, el que primero le dé al timbre se lleva todas las cartas.

– No me entero.

– Sacas carta, miras si hay cinco frutas, le das al timbre.

– No me entero.

– ¿De qué parte?

– No se, de todo.

– ¿Sabes lo que hay que hacer en tu turno?

– Ummmm…

– Sacas carta… miras, sigue el juego.

– No me entero.

AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAARG.

Esto es un problema no sólo por lo nervioso que pueda llegar a ponerte, sino que se carga la partida para los demás jugadores. Literalmente. Si al final llegamos a jugar, se pasa toda la partida gruñendo, quejándose, lloriqueando. Y la otra jugadora (que es una prima), no para de dejarse ganar para que su prima no gruña.

Al final del día, ya cansado de sus múltiples artimañas, la dejé a un lado tras ver su negativa a jugar como un ser humano civilizado y me puse a jugar con su prima. Y creo que va a ser la tónica que voy a llevar. Si el jugador estropea de manera repetida y sin contemplaciones la partida a los demás, ¿por qué debería tener un trato de favor? O aprende a comportarse o se queda fuera de la actividad.

En los Dolores la dinámica es distinta. Dos grupos, uno de niñas pequeñas muy adorables y otro de niños más grandes.  Y es uno de estos grandes los que dificultan la partida. No exactamente dificultar sino más bien acaparar toda la energía del grupo. Cada comentario es vocalizado. Pero esta vez, la solución es sencillísima. Un “chist” de vez en cuando y un poco de paciencia (y el ser pachón por naturaleza) lo arregla bastante. Y la santa paciencia.

En la biblioteca central fue una burrada. Un cansancio, un no parar, un correr. Llegó una madre a los cinco minutos de empezar y nos dice: ¿no hay poca gente? El otro día había un poco más. A los cinco minutos ya había 12 personas jugando, y le parecían pocas. Eso sí, a la media hora estaban las cuatro mesas llenas, ninguna silla, todo el mundo jugando, los dos corriendo como locos, todos sin parar. Madre mía.

Nos hemos dado cuenta que en la variedad está el gusto. A veces te apetece poder sentarte y explicar los juegos tranquilamente, incluso jugar con ellos. En algunas bibliotecas podemos disfrutar de esas horas con los chavales, pero la verdad es que ver las mesas llenas de niños riéndose y jugando entre ellos también mola. Y muchas veces, al final de las horas puedes incluso pararte un poco, juntar un buen puñado y echar una gran partida a Dixit o a algún juego que necesite de más jugadores.

En la Palma fue el día más raro. Empezamos media hora más tarde por causas internas de la biblioteca. Al empezar un poco más tarde, se ve que los niños ni leyeron el cartel y se fueron. Al llegar había dos niños, un cambio radical en comparación con otras semanas. Pero bueno, muy tranquilita. Fueron llegando más niños durante la tarde (hasta nuestros siempre fiables peques con sus mamás) hasta un total de ocho niños. Aunque dos de esos niños se les acabó sacando de la actividad por conductas que no tienen sentido. Jugando al laberinto mágico, se dedicaban a hacer trampas y poner nerviosa a la chica que estaba con ellos (hermana pequeña de una de ellos). Se dedicaban a levantar el tablero, quitar la bola o hasta quitar las tablillas del laberinto para ponerla nerviosa cuando no mirábamos. Al final, se les pidió amablemente que dejaran de jugar si no iban a jugar bien, y decidieron irse. Una lástima, pero la verdad, no sirve de nada jugar con niños que no les apetece.

Bueno, si se os ocurren ideas o formas de lidiar con los chavales, siempre estamos dispuestos a probar lo que venga.  Muchas gracias por leernos semana tras semana.

¡Hasta la próxima entrada!

4 thoughts on “Jugando en la biblioteca (XXXII)

  1. Pues se me ocurre que hagáis un carnet de participación, tipo JESTA, con los juegos a los que se ha “jugado” durante el mes o el trimestre para al final del mismo dar como un trofeo, o un premio o un diploma o algo que les llame la atención. Hay que motivarles con algo que les interese. Ánimo y seguid educando. Juanjo

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    1. Lo del carnet lo hemos propuesto a las bibliotecarias, peeeeero, como muchos no pueden ir todas las semanas, o se tienen que ir antes, o el juego está pillado cuando llegan, no lo ven demasiado justo. La verdad es que puede ser un fastidio. Y qué narices! Aquí se viene a jugar voluntariamente, nadie obliga😄

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