Jugando en la biblioteca (XXXIII)

¡Hola parejitas jugonas!

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JUEGOS NUEVOS (MÁS O MENOS)

POKER DE BICHOS

Hablamos en semanas pasadas de este juego, y después de mucho jugarlo, me cansé. Es que no tenía sentido el maldito juego. Una carta por turno, era un peñazo, y encima no permitía jugar a dos jugadores. Pero esto ha cambiado, y para mejor. Esto es una actualización de la entrada anterior.

Con un poquito de maña y tirando de los clásicos, comencé a usar la baraja para jugar al mentiroso de toda la vida, ese juego de cartas en el que vas aumentando la pila de mentiras en el centro de la mesa. La única diferencia, es que cuando te llevas las cartas, las colocas delante de ti. Con 5 cartas del mismo tipo o una de cada tipo, a la calle. El que quede el último gana.

Y madre mía si mejora el juego. Es un mentiroso, es el típico de siempre, pero el poder echar a un jugador al colarle las cartas que faltaban para que se fuera, o el ver como un jugador se arriesga y se come cinco cartas del mismo tipo en un solo turno, lo hacen un juego magnífico. ¡Y funciona a dos! Y a tres, y a cuatro… hasta siete lo han llegado a jugar. La diferencia es el número de cartas que le das a cada jugador, y poco más. De verdad, ahora ha pasado de un MEH gigantesco a un MUST de narices. Ahora nos encanta, y a todos los niños también, sobre todo porque casi todos han jugado a su versión clásica, y el añadido siempre es de agradecer.

 

COMENTARIO FINALES

Ayyy, mi Peral, qué variable eres. Aunque te vas asentando, no digo que no. Esta vez ya se van relajando las mesas y se ve que los exámenes aminoran, porque van llegando nuevos niños y con muchas ganas. Lo que quería señalar (que ya os contaba en la anterior entrada) era las muchísimas gracias que le doy a Fayzah por quedarse con LA NIÑA. Esa niña que es superior a mi, Fayzah tiene una mano estupenda con ella. Usa otros sistemas para conseguir lo que ella necesita (que es que jueguen) y le da resultado. Somos un combo lúdico fantástico, ayudándonos en lo que el otro cojea. ¡Muchas gracias Fayzah!

De los Dolores no podemos quejarnos. Una mini mesa (dos mamás y dos peques) con sus juegos amarillos, una mesa de los peques de entre 5 y 6 años gastando las pilas a la cucaracha durante una hora (no es una sorpresa si os decimos que han durado una semana las pilas nuevas). Y Fayzah echando coraje y valor a otro niño roba energía, lo cual se le dio especialmente bien. Ese día todos contentos, sin problemas. Y los niños nuevos disfrutan muchísimo de los juegos que vamos trayendo.

En Ramón Alonso Luzzy que os voy a contar. Mesas a rebosar, falta de sillas, un jaleo tremendo, tener que decirle a los niños que esperen, carreras, sorpresas… buff… cansancio. Pero un buen cansancio. Es un cansancio de un trabajo bien hecho. Desde primera hora hasta que cierra la actividad esto es un no parar. Los pequeños cada vez más desenvueltos y los grandes igual, lo que nos deja más tiempo para atender a nuevos integrantes y explicarles las reglas.

Eso sí, al ser tan grande, esta biblioteca tiene de todo. De entre lo más “complicado” de atender hemos tenido: un niño “casi” ciego menor de 5 años, una niña con síndrome de down de cuatro años cuya madre NO hablaba español y dos niños con hiperactividad (creemos) que no eran capaces de estar cinco minutos sentados. En estas ocasiones dependemos muchísimo de la situación del momento de la biblioteca. Por ejemplo, el primer caso se resolvió bien, y el niño ha vuelto más veces. Con su madre de apoyo y juegos como Twiga o Frutalito (porque no es ceguera completa) el niño juega con los demás jugadores. El segundo caso fue imposible, debido al lleno absoluto y la falta de ayuda del progenitor. El tercero gracias a su niñera y muchas ganas, pudimos ponerlos a jugar a algo que los tranquilizara un poquito. Y jugaron… pero se levantaron al final… no hubo manera.

En la Palma es quizás donde tenemos la afluencia más adulta pero, en ocasiones, más problemática. Cuando en un pueblo todos se conocen, se… digamos… respetan menos. Montan más jaleo, se pegan, se gritan, se insultan (en árabe, para que no los entendamos)… de todo. La verdad es que la bibliotecaria del centro nos ayuda mucho y pone orden cuando puede, pero a veces, aunque no están haciendo mucho jaleo, si que perturban la actividad. No sabemos muy bien que hacer, pero la cosa no puede seguir así con ciertos elementos discordantes (y un niño que no habla español que no sabemos que hacer con el pobre, porque no hay manera de jugar con él, pero insiste en jugar y en quedarse).

Ya veis que la semana movida, y la que viene… bueno, ¿quien sabe?

¡Hasta la próxima entrada!

2 thoughts on “Jugando en la biblioteca (XXXIII)

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