Juego de hoy: Camel (C)Up

¡Hola parejitas jugonas!

Y azulillo se cuela por el centro, gira a la derecha y ¡OH! Cae en la trampa de Albany Joe. Mientras amarillo salta sobre naranjito, pisa a verdezuelo y se coloca primero en cabeza. Nadie podría haberlo visto venir. ¡Naranjito gana por una cabeza!

Hoy jugamos a Camel (C)up.

Nº Jugadores: 2-8

Tiempo de juego: 35 minutos.

Creador: Steffen Bogen (él sabe el verdadero nombre del juego)

Editorial: Más que Oca (en español vienen las reglas).

Empaquetado: Una cajota grande, de esas de 30 y tantos euros. El hueco es el justo para meter esa preciosa pirámide de cartón que hay que montar nada más abrir.

En Camel Up nos metemos en el papel de unos excéntricos adinerados que dedican sus tardes a apostar en el camellódromo (preciosamente colocado alrededor de una antigua pirámide). El que saque más dinero al finalizar la carrera, gana la partida.

Estrategia para evitar que se te suban encima.
Estrategia para evitar que se te suban encima.

Durante la partida, iremos cogiendo apuestas de ronda, apostando para el final de la carrera, colocando trampas o haciendo que los camellos se muevan.

Y todo esto es muy sencillo, muy bonito y muy colorido.

En nuestro turno podemos:

Coger una ficha de lanzar dados: en la pirámide mágica metemos todos los dados. Una ronda acaba cuando ya no quedan dados dentro. Si cogemos una ficha, volteamos la pirámide, la apoyamos contra la mesa, pulsamos la palanca, la cerramos y vemos qué camello se mueve. Se puede mover de 1 a 3 espacios. Esta ficha nos dará una monedita por las molestias.

Coger una apuesta de ronda: cogemos una ficha de apuesta de quién creemos que irá en cabeza al acabar la ronda. Si acertamos, ganamos tantas monedas como estipule la tarjeta. Si fallamos, perdemos una moneda.

Colocar una apuesta de final de carrera: colocamos una de nuestras cartas de camellos para apostar si creemos que llegará el primero o quedará el último. Si fallamos, perdemos una moneda, pero si somos los primeros en acertar, ganaremos ocho. Apostar al perdedor es muy divertido.

Colocar una trampa: cada jugador tiene una ficha de trampa que sirve, además de para ganar monedas, modificar el movimiento de los camellos. Se puede colocar por el lado de avanzar o retroceder. No se pueden colocar dos trampas contiguas.

Los camellos irán avanzando alrededor de la pirámide, de casilla en casilla. Cuando dos camellos coincidan en la misma casilla, uno de ellos se subirá a las espaldas del de abajo, representando quién va en cabeza. Si el camello de abajo se mueve, se llevará a todos los de encima (el rebufo) consigo.

¡Perdedor!
¡Perdedor!

Gracias a este toque, las probabilidades de que un camello pueda recuperarse aumentan exponencialmente. Hace que haya incertidumbre en todo momento y que no haya manera de saber qué ocurrirá (aunque siempre suele haber más probabilidades hacia un lado que hacia otro).

Primero de todo. El juego pone en la caja de 2 a 8. Bueno… a dos no es, que quede claro, pero es que a ocho… bufff… mucha paciencia hay que tener para aguantar entre turno y turno. Para nosotros, por nuestras experiencias jugando, lo mejor es jugarlo de cuatro a seis jugadores, siendo seis el tope. Aun así, con seis jugadores las acciones son aun más insignificantes, pero al menos no se hace demasiado aburrido.

Los componentes son un amor. Los billetes no son de papel, el cartón majísimo, los dibujos muy chulos. Y esos camellos meeples que se montan unos encima de otro. Pero si algo destaca, es ese tan innecesario como llamativo lanza dados de cartón plegado. Esa pirámide es una ideaza y un proyecto grande de ingeniería con cartón. Montarla mola mucho, y ver como queda (que podría ser un saco chustero, pero no molaría igual) en la mesa, te da cosquillitas en el bajo vientre jugón.

Err... arquitecto, creo que ha habido un problema...
Err… arquitecto, creo que ha habido un problema…

A lo otro gordo: es un filler. Es un chorri-juego de 20 minutos (aunque depende de cuántos jugadores estén involucrados y del azar de los dados) en el que tenemos que aceptar que el destino jugará gran parte de nuestra partida. Y es que… eso son las apuestas. Tienes las estadísticas claras, pero la suerte, la magia o un señor con barba en el cielo; pueden cambiar toda la historia. Y hay que aceptar esto antes de jugar. Es un juego para sacar a la familia, a los no jugones, a los jugones con sentido del humor, y pasar un rato divertido entre camellos, animando al último como si tu carta dependiera de ello.

Si compras este juego, que sepas lo que te llevas. Es un chorrijuego grandote que os dará grandes tardes, pero que ni vas a jugar todos los días (no lo hagas, que lo estropeas demasiado rápido), pero que cuando lo saques, lo vas a pasar de vicio. Y los niños lo disfrutan mucho (aunque ellos se guían más por sus entrañas que por las estadísticas).

Opinión de Fayzah: No el mejor juego del mundo, pero ideal para jugar en familia. Simple, sencillo y sirve para todos. Lástima que a dos no luzca en absoluto.

Opinión de Farko: Me encanta sacar este juego cuando estamos cuatro. Me lo paso bomba, es cortito y a casi todos les ha gustado. Y es que esos camellos son un amor. Sin duda, un grandísimo jueguecito en caja grande.

Enlaces de interés:

Video reseña en Análisis Parálisis

Video análisis en 5MPJ

Reseña en Tableronne

Reseña en Imisut Meeple

¡Hasta la próxima entrada!

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