Convenciones que nos convencen Zona Lúdica 2015 (Parte 1)

(Hemos dividido todo esto en dos partes, para evitar una entrada aún más larga).

¡Hola parejitas jugonas!

Vovemos de una de las mejores jornadas de juegos de mesa del panorama español, las Zona Lúdica, en Mollina, Málaga. Son unas jornadas de corte familiar, donde carritos y bebés acampan a sus anchas junto a jugones de tomo y lomo. Son cómodas, muchísimos juegos, se está muy agusto, te dan de comer y puedes dormir en el mismo sitio, sin tener que tocar el coche o andar un largo camino. Sin duda, en lo que respecta a precio/calidad, de las mejores.

El año pasado no pudimos asistir ni un día, y este año nos hemos resarcido, asistiendo los cuatro días que dura el tinglado (bueno, dos días y dos mitades). Os vamos a ir contanto todo en dos entradas, para que no se os haga muy largo de leer. Si algún evento sucede en el orden incorrecto, disculpadnos, pero la falta de sueño quizá haya jugado con nuestros recuerdos.

Antes de llegar a la convención, nos dimos un paseíto por la casa de los amigos Skaidan y Gwen, del podcast Otro juego Más, que acaban de adquirir una expansión en su familia y teníamos que conocerla. Una mañana fantástica entre cervecitas y charlas jugonas. La verdad es que nos encantó poder volver a verlos y esperemos que no tardemos mucho en volver. Al fin y al cabo, no está tan lejos.

De ahí (para, más o menos las cinco) arrancamos de nuevo. A las 6 estábamos en Mollina, con todas las ganas del mundo. Registro cómodo, dejamos las cosas en la habitación y nos disponemos a hacer la ronda de saludos a todos los colegas. El jueves no están todos, pero ya empezamos a soltar chapas, como quien no quiere la cosa. Las chapas sin duda se veían mucho en la convención, con gente preguntando de donde habían salido tantas iguales.

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Y ya nos ponemos a jugar con el grandísimo Juanma Rocha (el chico detrás del blog Propongo un Juego) un Legendary Encounters: An alien Deck Building Game (o también llamado: El Legendary de los Aliens). Es un juego que con una mecánica ya usada (todo el rollo de los juegos Legendary, con su deck building y sus escenarios), nos mete el tema de los Aliens que todos amamos.

Un juego donde cooperativamente (no semi, como el Marvel Legendary) por vencer a los malvados y sibilinos aliens en tres eventos. Los eventos se eligen según el escenario, los cuales eligen automáticamente las cartas de enemigo, las cartas de los buenos y todo lo demás. Cada partida diferente, muy bien medido y muy entretenidas. Quizá… el fallito que pueda tener es que, si la suerte te sale rana, puedes morir rápido, y quedarte fuera de la partida… vamos… que me pasó… pero el juego mola mucho. Un poco de suerte, mucha tensión y muy chula la partida. Además, era el cura, tenía que morir. Era parte del tema. La partida terminó con un personaje solitario, después de que todos murieran y su compañero diera a luz a un adorable engendro del espacio, luchando por sobrevivir, y terminar siendo comido por la reina. Una partida memorable.

En esa partida pudimos conocer a Ushikai de Análisis Parálisis. Ganicas había de conocerse. Nos faltó Nancy, pero a ver si coincidimos en una próxima jornada.

Entre partida y partida, no dimos más que vueltas. Ya, para después de cenar, quedamos con Pepe Roma (de Dos de Adobe) para que nos explicara el Dead of Winter, un juego que ha sacado ahora Edge y que le teníamos unas ganas horribles.

Jugando con Josemi y Alex, nos dispusimos a intentar conseguir una cura para el virus, exterminando un enorme puñado de zombies (16 para ser exactos) y extrayendo de ellos su preciado, preciado néctar vital. Utilizando un sistema que basa todo su sentido en la interacción entre los jugadores, vamos moviendo nuestros supervivientes a las distintas localizaciones, tirando dados para matar a zombies, y repartiendo los objetos que conseguimos entre los distintos objetivos. El hecho de existir un objetivo común (sin el cual NADIE gana), un objetivo personal (para ganar en solitario) y quizá un traídor (para molestar aún más).

En el juego hay que meterse de lleno. Y para ello, nada mejor que las cartas de Encrucijada. Disfrutas como un enano cuando una se activa, y te dan una escena chulísima que vivir y elegir. Desde una niña que salta por el muro (la cual, sigo repitiendo, deberíamos haber dejado morir) hasta un caballo. Uno de nosotros tenía un caballo, una pistola y no hacía ruido al buscar. Era Chuck Norris a caballo, básicamente. Las cartas nos presentan elecciones para ganar o perder moral (que nos hace perder el juego si se acaba) o algún material más. La partida acabó fantásticamente, perdiendo todos, pero a casi nada de que ganara el traidor. Qué lástima que se le olvidara contar a sus supervivientes… WAJAJAJAJA.

Luego cogimos Las Vegas Quiz de Morapiaf, un juego que teníamos muchas ganas de jugar. Cogimos un puñado de colegas (incluido Enrique de Éxito y Error) y nos pusimos a jugar. Con apuestas arriesgadas y absurdas, idas de olla y grandísimas risas, quedó certificado que este es UN GRANDÍSIMO JUEGO, que por desgracia, pero mucha desgracia, queda un pelín cojo en producción. Más preguntas y unas pizarras decentes lo harían EL JUEGO para sacar en familia. Ojalá Morapiaf saque una nueva edición eliminando esos pequeños errores.

Y después… pues bueno, ya habíamos jugado a grandes juegos de verdad. Ahora tocaban tontadas para pasar la noche del jueves. Con los amigos Gonzo, Rocha y Carlos (el grandísimo Carlos Romero) nos dispusimos a pasarlo genial. Y la verdad… lo hicimos.

Empezamos con un Dixit que, aunque un servidor lo intentó, nos dejó fríos. Ni una risa, y mira que me gusta el juego. Nada, no sería el momento.

Luego nos quedó elegir entre “Los tres cerditos” y Fluxx. Y claro, como somos unos seres adultos y sofisticados (y el tres Cerditos tiene más reglas que Fluxx), nos decidimos por el segundo.

Qué decir de este juego… aparte de que es una chorrada. Es una chorrada y punto. Ni juego ni leches, es una sucesión de tirar cartas y ver si hacen algo, hasta que al final alguien gana. Eso sí, el juego con el que más nos hemos reido en las jornadas. No sabemos si es por la hora, por los asistentes o por qué, pero cuando un “florete” apareció en escena, las lágrimas de risa y la gente tirada por los suelos aparecieron con él. Hasta se ganó la victoria con este movimiento (largo de explicar, divertido en su momento). Sinceramente, alcohol (o falta de sueño) y esto, con jugadores que comprendan que ganarán si tienen suerte y ya está, pueden hacer una gran tarde. Pero mejor que se lo compre vuestro amigo.

Y así acabamos la noche, a las cuatro de la mañana, y listos para despertarnos a las 8 para desayunar.

Lo mejor de Zona Lúdica son los desayunos y las meriendas. Las comidas y cenas… comestibles. Después de desayunar (siempre pudimos enganchar a alguien para charlar y comprobar opiniones de distintos juegos), volvimos al redil que es la sala Europa, para echarnos una partideja.

La mañana la pasamos probando el prototipo de Pedro Soto “Baby on Board”, donde nos metemos en el papel de unos padres de un recién nacido, que lo cuidan en su primer año de vida. El objetivo del juego es conseguir llegar a 10 de felicidad, y seguir vivo en el intento.

El juego funciona organizando la agenda del día, en mañana, tarde y noche. Luego nos guardamos de la mano cartas, en caso de que nuestro bebé tenga algunas necesidades (que si no, se enfada), y comenzamos. Podemos trabajar, irnos a hacer actividades divertidas, echar una siesta… multitud de acciones expresadas en las cartas para conseguir llegar al objetivo. Sin duda, es un juego que da para hacer bromas a tutiplén (como el hijo gato de César de 2 Maracas de 10, el niño que duerme 16 de 24 horas) y reírte un rato. Nos gustó mucho la gestión de la mano, así como de los recursos (en este caso, cansancio y dinero). Si podemos poner alguna crítica, y vamos a ponerla, la duración del juego se alarga por la imposibilidad de conseguir más recursos en las rondas en las que consigues felicidad. Es decir, que cada X rondas, tienes que volver a poner la maquinaria a casi 0, y esperar que el empujón que metiste sea suficiente. El juego es muy divertido, pero incentirvar un poco la ganancia de dinero (para conseguir más objetos y facilitar las subsiguientes rondas), así como acortar un poquito la duración de la partida (acortando el medidor del bebé, aunque sea uno o dos puntos), pueden hacer de este un grandísimo juego. Eso sí, es un ERROR que no sea para dos jugadores. ¡¡ERROR DECIMOS!! Cooperativo para dos jugadores ¡YA!

Y de ahí, ya que la actividad de Skull Tales no daba comienzo, nos fuimos a probar el (ya financiado) juego de Pau Carles: Ylandiss. Es… para explicarlo de una forma simplista, un Dominion donde te das de tortas por ser el primero en comprar. Bueno, más que un Dominion, un Ascension, ya que la pila de compra cambia cada vez. En cada ronda vas mejorando tu baraja única (que puede ser de Magos, Sacerdotes, Dragones, No Muertos…) para intentar sacar la mayoría de puntos al final.

Sin duda la partida estuvo muy chula. Las barajas que se pueden conseguir son muy chulas, y van cambiando según avanza la partida. No hay estrategia ganadora, aunque no es muy bueno si no te centras en una o dos clases, como mucho. El poder eliminar una carta cada turno (aunque hay que usarla, así que se crea un debate mental muy chulo) y el poder, aunque no hayas ganado, conseguir cartas, hacen de este un juego muy, muy chulo. Además de muy bien calculado, medido y pensado. Lo mejor, para mí, es el hecho de tener que bajar cartas para ganar fuerza (el que más tiene, gana la ronda), pero que además esa fuerza te da el máximo valor de compra que puedes adquirir. Lo mejor, es que esas compras se hacen con cartas de las manos, por lo que cada carta, representa una moneda menos. También consigues monedas con algunas cartas y algunas cosas más. Fantástico. ¡Ahora a verlo en las tiendas!

De ahí a comer, y por la tarde, partidita a dos (aunque al principio nos acompañó Enrique, quien tuvo que marcharse a ganar un torneo) a Skull Tales, de 4MoonStudio. En este juego de exploración con miniaturas, interpretamos a una banda de piratas que vivirán mil y una aventuras para conseguir tesoros y fama.

Pudimos jugar la partida de demostración, la cual nos enseña las mecánicas básicas, así como el fluir general de la partida. Las miniaturas son una pasada. Poseen unos detalles y una calidad asombrosa. Sin duda, absolutamente arrebatadoras. Del juego, disfrutamos mucho, aunque se nos queda una espinita por no poder probar la fase de exploración. Para dos va bien (con dos miniaturas), ya que el juego, aunque en teoría parece cooperativo, funciona más bien como semi-cooperativo. Los jugadores se dedican a dar vueltas, intentando acabar los objetivos para poder pasar la misión. Claro, esta es solo la misión de prueba, e imaginamos que la misión final (el libro con 10 aventuras hiladas en una grandísima aventura) quede mejor. La cantidad de material es impresionante, y el juego no es demasiado caro (para un juego de este tipo).

Y ahora un gran puñado de chorrijuegos y parties. Vamos, lo que nos va.

Empezamos un Uluru mal explicado con Enrique. Mal explicado por nuestras faltas de memoria y nuestra incapacidad para entender alemán. Esperemos no haber fastidiado al amigo este grandísimo juego. Un juego de rompenter el cerebro intentando que todo encaje, para al final ver que no todo va a poder ser. Nada, nada, muy divertido al final, que es lo que importa.

Luego, por petición de Fayzah, nos sacamos un Machi Koro, que las cosas monas es que le pueden. El juego es de creación de una ciudad, lanzando muchísimos dados y viendo lo que ocurre. Sin duda, o aguantas el azar, o te largas de la mesa. Las cosas pasan PORQUE SÍ, y te tienes que aguantar. Es divertido, eso sí. Cuando robas dinero, la sensación es fenomenal. Jugamos con la expansión, y la verdad, viendo lo que añade, no entendemos cómo se puede jugar de otra forma. Las cartas son NECESARIAS para que fluya bien el juego, y no se haga larguísimo. Vamos, que a nosotros nos gustó.

De ahí nos engancharon a dos prototipos de Pepe Roma: World Rally Card y Sefie.

En World Rally Card hacemos de conductor y… y el otro que le da las indicaciones. Las cartas se componen de una marcha, una dirección y algún problema en la segunda carta (animales, baches y demás).

Para explicárselas a tu compañero, usarás una palabra a la que le cambias una vocal (b_ngo, blabl_) Según la vocal que utilices, estarás dando una indicación u otra. Se juega con un temporizador, y el equipo que tarde menos en acabar sus cinco cartas, gana. Se juega en varias rondas, pero son todas similares. Lo divertido del juego, más que de jugarlo, viene de presenciarlo. Los otros jugadores se parten la caja viendo como saltan, hacen de pato o meten cuarta. Aunque fue muy divertido, es para mí, quizá, mi menos favorito de los prototipos del autor.

Luego jugamos Selfie, donde un jugador hace de fotógrafo (de una selfie), un jugador de inspector (que intenta ver qué gesto hace cada uno de los que posan) y el resto posan. Se le entrega a cada jugador una carta de pose (morritos, guiño, lengua fuera…) y se pone el móvil en autodisparo a 10 segundos. Un juego que se tiene que jugar de pie, dando vueltas, cambiando el fotógrafo, inspector y los que posan. Es muy divertido, y seguramente se gane muchas risas en cualquier grupo al que lo llevéis. Un poco peñazo dar tanta vuelta por la habitación organizando el juego (sobre todo con muchos jugadores), pero es una mínima inconveniencia.

Probamos un prototipo para los más pequeños de Manu Palau (el creador de Ikonikus), donde tenemos que formar un monstruito que se nos indica. Si conseguimos tres, acabamos. Dos variantes (una donde tienes mano de cartas y otra donde no), muy sencillito y alegre. La idea de tematizarlo específicamente (princesas, monstruos de películas, robots, alguna franquicia…) es muy pausible. Mucho mejor (para adultos con niños) con la variante de la mano de cartas. Muy entretenido con los más pequeños, pero solo con ellos.

Y con Ushikai, Alberto y Juanma nos dispusimos a un juegazo de miniaturas gigantes y mucha interacción… y poquísimo tema con una enorme sobreproducción. Hablamos de Dogs of War, un juego que tiene miniaturas porque les apetece hacerlo, pero que con tokens de madera quedaría igual de jugable. El juego en sí es un colocador de trabajadores, poniéndolos a un lado o al otro de un tira y afloja para conseguir que tus casas ganen las batallas. Un buen juego, pero que a nosotros no nos dice nada. Parece que crearía una buena charla para intentar convencer a los demás y eso, pero no es cierto. Se ve claro donde debes y no debes ponerte. Vamos, que no es para nosotros. Y la sobreproducción nos echa muy para atrás.

Por la noche, decidimos que nos apetecía charlar más que jugar, así que quedamos con el gran Valentín (de Desvarío Jugón) y Gonzo Bríos para desquitarnos un poco y hablar de juegos sin jugar, como hacen los buenos. A mitad de la segunda cerveza se nos unieron Nacho de Edge (ganas había de conocerlo), Sergio de AP, Rocha de Propongo un juego, el gran Pedrote y una parte de Con Barba (la editorial rolera que ahora es parte de Nosolorol y que nos traerá Fate, que mola un puñao). Vamos, un buen montón de gente buena en el Paco’s. También pudimos encontrarnos allí con Israel (del desaparecido blog Discutir Jugando) y Rafa de Dracotienda. Una noche majísima, pero malísima para mi alergia, que le apeteció surgir de repente. Como siempre, solucionando el mundo, las mecánicas y todos los juegos del mundo. Al final, se disfruta de una mesa de juego por los integrantes. Importa poquísimo el juego. Tanto que ni habiendo juego, se disfruta igual.

Y a las 4, a dormir para el día siguiente. ¡¡Hasta la próxima entrada!!

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